
El silenciero
“Su aventura es metafísica, aunque resulte ajena a todo lo que sea filosófico, porque usted la teje, y especialmente en la cabeza, con sutiles elementos, a partir de nada.” El silenciero.
Al leer esta novela no pude hacer más que recordar la prosa diáfana de Albert Camus y la novela que bien le valió el premio nobel, “El extranjero”. Al igual que Mersault, meditabundo y taciturno, el anónimo protagonista de “El silenciero” vive envuelto por una aventura metafísica. Su lucha es contra eso que está en todos lados, y a veces hasta en el silencio: el ruido. Esta batalla épica contra ese enemigo omnipresente envuelve la vida de nuestro protagonista de forma tal, que solo vive en torno a la posibilidad de evitarlo.
Por otro lado, oponiéndose a la lógica del personaje principal, encontraremos a Besarión. Reflexivo y dialéctico, este personaje encarnará la conciencia liberadora de la novela. Aunque ingenuo vive en busca de una señal que lo libere del absurdo, antes que eso se entregará a la vida, y aceptará el juego. Sin lograr apaciguar la locura del narrador, Besarión hará lo posible por desligarlo de su aventura metafísica.
Podríamos clasificar esta novela como una obra existencialista. El silenciero nos dice que la vida no es nada más que las elecciones consecutivas de cada uno, pero aun así hay algo de lo que es imposible escapar: El absurdo. No hay lazos, no hay reciprocidad entre los hechos. Así como cada elección define al protagonista anónimo de esta novela, y esto para él tenga algún valor, al no poder cumplir su meta, cada elección termina tomando un valor nulo.
Antonio Di Benedetto nos regala, con esta novela, una pieza de enorme valor literario y filosófico. Es una de esas voces argentinas sumergidas en el tiempo que necesitan salir a la luz y empezar a ser leídas por toda persona que disfrute de las buenas letras.
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